1. La Princesa y el Mago
Había una vez una princesa, que vivía en un bosque encantado, era amada por todos los habitantes del pueblo y las criaturas del bosque, su corazón era tan bueno que se este se reflejaba en su casta belleza. Un día durante uno de sus paseos por el bosque encantado, la princesa conoció a un joven aprendiz de mago, varias fueron las veces de sus encuentros mágicos, escuchando sus bastas historias fantásticas, deleitándose con sus trucos inocentes hasta que la joven princesa hermosa se enamoró de aquel mago sintiendo así, una profunda felicidad que jamás había experimentado; los días que pasaba al lado de su adorado mago parecían no tener fin, sin embargo hubo un día terrible, un día que ningún enamorado desea que llegue, un día en el que aquel joven mago se mostró como lo que en verdad era.
Aquel día la princesa le presentaría a su padre, el rey, a aquel hombre que tanto amaba, jamás pensó la pobre ingrata que ese suceso marcaría la caída de su adorado reino. La mañana estaba fresca, el canto de los pájaros endulzaban tiernamente los aires, nuestra bella princesa Amelia, quien se despertó con una sonrisa en los labios, ya que finalmente su padre le daría la aprobación de matrimonio, ella estaba feliz puesto que su padre, que la atesoraba demasiado, le había concedido su capricho de darle en sagrado matrimonio a un elemento no propio de la realeza; las festividades en el pueblo no se hicieron esperar, todo el pueblo esperaba con regocijo la llegada del nuevo soberano, aquel que creyeron los protegería y amaría como la bella Amelia sin embargo unas nubes oscuras se aproximaban sin sospecha sobre el pacifico reino.
Amelia salió montada sobre su caballo en busca de su amado, quien la esperaría bajo su árbol favorito donde se habían encontrado por primera vez y donde se reunieron innumerables veces, ella no podía esperar, deseaba con todo su puro corazón llegar al altar con aquel hombre, altar dispuesto para ellos esa misma tarde; llegó entonces al punto de encuentro, mirándole sentado a la sombra del basto árbol alto, la mirada de aquel que posteriormente no desearía volver a nombrar se notaba turbada, sus oscuras vestimentas, largas y enjoyadas le hacían ver más siniestro sin embargo su pálido rostro contrastaba notoriamente dedicándole un aire de belleza sin igual, Amelia bajo de su caballo entusiasmada Amado mío, ya todo esta preparado, esta misma tarde- tomando las frías manos del joven mago seremos esposo y esposa- la sonrisa no se hizo esperar en aquel rostro angelical; besando las tibias manos con aquellos muertos labios el mago la miró Claro que si amada mía, lo que te lleve a la felicidad- dibujándose una sonrisa siniestra que la princesa no tomo en cuenta, subiendo ambos al fiel corcel se dirigieron al interior del castillo, pasando por el enrejado que le protegía, la princesa saludaba a los porteros, cuanta enorme alegría se vivía en aquel viejo recinto, los aldeanos le dedicaban los mas dulces pensamientos engalanando su paso con exquisitas flores campestres, llegaron pues ambos a la puerta del enorme palacio, la princesa bajo excitada a abrazar a su querido padre, quien al levantar la vista miró al joven mago, su alta sabiduría le hizo dudar por momentos del hombre que se encontraba frente a él pero la alegría en el rostro de su única hija le hizo desistir de sus pensamientos de inseguridad Bienvenido seas hijo mío, siente esta tu casa, pasa, celebremos la santa unión que hoy nos acontece- extendiendo los brazos para abrirle paso, el siniestro mago entró al interior del lugar.
Los movimientos en el castillo continuaban, el paso acelerado de los sirvientes y sus murmullos resonaban en todas las paredes mientras en una habitación dispuesta para el joven mago, este se encontraba mirando atento por una de las ventanas cuando la voz de la princesa entrando le interrumpió, -Amado mío, ya esta dispuesto tu traje para la ceremonia- el hombre se levanta acercándose a ella Gracias mi hermosa princesa
te prometo que este día lo volveré inolvidable para ti- nuevamente la siniestra sonrisa se dibujó en sus fríos labios contestando alegremente la incauta princesa.
La música suena, la alegría se desborda, caminando en medio del gran salón va la pareja real, frente a ellos el gran rey, que mira complacido la felicidad de su hija, pero, tontos que desconocen su futuro, al llegar frente a su gran majestad extiendo las manos hacia el hombre de negro, la alegría se ve truncada, nuevamente la sonrisa siniestra se dibuja en su rostro, una extraña magia oscura procedente del mago se apodera del cuerpo del rey mientras su hija grita pidiendo que se detenga y los invitados huyen aterrorizados, Amelia sujetando el brazo del mago ¡¿Pero que haces amado mío?! ¡Es mi padre al que tu dañas!- de pronto le suelta dejando caer el cuerpo sin vida del viejo soberano, la princesa se lanza llorosa tratando de levantarlo ¡Padre por favor, padre responde!- voltea a mirar con enojo al mago ¡¿Qué le has hecho a mi padre?!- sin embargo es levantada por la fuerza, siendo estirada por el brazo y exclamando con total autoridad el mago oscuro proclama Declaro, que a partir de este momento, yo, Meindert Gentileschi seré el nuevo soberano de estas tierras- los guardias aparecen para intentar detenerlo ¡Jamás escucharemos a una bestia como tu!- intentan atacarle más su oscura magia le protege decapitando a todos los soldados que le hicieron frente, el mago nuevamente sonríe, -Como han podido ver, mi magia no tiene rival, si alguno de ustedes quiere revelarse
- sujetando contra su cuerpo a la princesa ¡Pagaran con su vida el desacato!-, los invitados permanecieron en silencio, solo se limitaban a observar la risa macabra de aquel sujeto, el terror reinaba en la sala, la joven princesa llorosa suplica a su aún querido mago Por favor, amor mío, detén esta escena
mi corazón se aterra al verte
¿Por qué has hecho esto contra mi reino?- el hombre la miro sin interés Mi reino, querida mía, ahora es Mi Reino es como debes de referirte a partir de ahora
no te lo dije antes
- la sorpresa turbada se dibujo en su rostro de ángel al escuchar al mago Un día que volvería inolvidable
hoy, que jamás olvidaras
mi princesa
quien me liberara de mi maldición
- acercando su rostro al de ella Quien me dará de nuevo mis bastos poderes oscuros
desde la primera vez que te vi en aquel bosque.. supe que eras tu
la más pura, la más virgen
aquella que no tiene culpa
- empieza a besarle el cuello ante los invitados que miran horrorizados, él continua diciendo mientras sus manos empiezan a deslizarse por debajo del corset ante la histeria de la pobre mujer Tu pureza manchada será quien libere mi sello
tu corazón turbado quien me regrese mi oscuridad
tu vida destrozada quien me regrese mi poder total- y dicho eso la despojo de las ropas que la protegían, introduciendo los dedos en su inocencia, sus gritos pidiendo ayuda eran escuchados por todos más por terror al mago, nadie se presentó a ayudarla, Amelia miraba a su alrededor mientras su cuerpo era invadido una y otra vez de agresiva forma por Meindert, su voz se quebranto, ya no se escuchaba el llanto, ni siquiera los murmullos de la gente horrorizada, solo podía escuchar los sonidos roncos que el mago producía, el vació se apodero de su mente ¿Por qué pasó esto, que hice mal?, fue todo lo que pudo pensar mientras su sangre recorría sus pálidos muslos y ensuciaba las negras ropas del mago.
Paso un largo tiempo hasta que Amelia despertó, se vio en la sala oscura, sus piernas manchadas y sus ropas desgarradas, su cuello y senos marcados por la boca de Meindert, el horror regreso a su mente, su castidad había sido brutalmente robada, el hombre que tanto amaba había asesinado a su padre y robado su reino; con dificultad pudo ponerse en pie, su débil voz era casi imperceptible a pesar del silencio en el castillo, asomando la vista por una de las ventanas del gran lugar, miró la noche encendida, no podía creer como su pueblo se incendiaba; había entrado un grupo de ladrones y magos de menor categoría; podía escuchar los gritos de su pueblo, podía ver el dolor en el rostro de sus niños, podía sentir el mismo dolor de sus mujeres violadas y hombres buenos asesinados; cayó la princesa sobre sus desnudas rodillas, todo era su culpa, se dejo engañar por aquel que tanto amaba y ahora su reino sufría las consecuencias de sus caprichos Esto no puede estar pasando
que sea una pesadilla, oh, gran Dios
por favor que esto sea solo una pesadilla
hazme despertar por favor gran padre de los cielos- pero al sentir la fría mano sobre su desnudo hombro, el miedo invadió por completo su ser, Meindert había regresado y la miraba sin gran interés, -No te engañes de esa forma querida princesa, todo lo que ocurre ahora mismo es tan real como lo que acabas de sentir hace unas horas
- y mirando el horrible hombre la blanca y suave piel de Amelia, empezó a agacharse a su lado Si no crees lo que te digo
puedo probarlo en este mismo instante- a pesar que la joven mujer gritó pidiendo ayuda, empujando al mago con sus débiles brazos, no pudo evitar que él le abriera las piernas con sus manos e introdujera su cabeza entre ellas, lloró desconsolada nuevamente, ya no sentía las envestidas que le proporcionaba el hombre, solo podía escuchar los gritos de su gente pidiendo ayuda
ayuda que ella también necesitaba
y que jamás llegó.
Pasaron los días en aquel destrozado pueblo, la muerte rondaba por todas partes
Amelia se encontraba encerrada en una de las torres, solo podía mirar a través de su ventana, llegaban las doncellas a cambiarla de ropas y llevarle comida Su majestad, por favor
- suplicaba una de las mujeres a su servicio Necesita comer más
esta adelgazando demasiado- el silencio fue quien imperó terminada la frase hasta que la otra mujer que le acompañaba irrumpió, -Déjala
todo esto es su culpa
- su compañera intentando detenerla No, Martha, no digas eso- arrojó entonces las almohadas al piso la segunda mujer ¡¿Cómo no quieres que diga algo? ¡Mi esposo fue asesinado, mis hijas violadas, mi casa destrozada... y todo porque
!- señalando a la princesa que al escucharla se sintió presionada ¡Todo por el capricho de esta mujer! ¡Sino hubiera sido por ella, todos estaríamos felices!- empezó a llorar la vieja doncella ¡Todo es tu culpa
todo es tu culpa!-, las palabras de la mujer golpearon fuertemente a Amelia
sabía que era verdad... sabía que ella era la causa de tanto dolor
sabía que ella era la única responsable de traer de nuevo la paz a su reino
pero como hacerlo
solo era una princesa mimada.
Pasó los siguientes días pensando en sus opciones para derrocar al usurpador mago, prestó atención a todos sus movimientos, desde temprano empezó a seguirlo a donde fuera exceptuando cuando Meindert salía del castillo en sus diligencias para recaudar dinero personalmente de los habitantes del pueblo, para sorpresa de Meindert, ella empezó a acompañarlo a comer, le seguía por los jardines casi marchitos, le escuchaba en el gran salón cuando jugaba con sus alcohólicos soldados y así pasaron nuevamente unos días más de este comportamiento hasta que un día en la hora de la comida Meindert pregunto burlón ¿Qué es esto Amelia? Llevas días siguiéndome y comiendo conmigo
- se recarga sobre la mesa mirándola fijamente mientras sonríe ¿al fin te haz resignado?... Que mujer tan patética- pero el silencio de ella le hizo reaccionar con enojo ¡Basta!- ella levanto la vista hacia Meindert en lo que él pronunciaba No te quiero cerca de mí
me das asco- la princesa lo miró sin sorpresa ¿Y que puedo hacer? Ya he aceptado este destino- esa respuesta no le gusto al mago, quien se levantó y empezó a alejarse, al poco se detuvo y regreso al lado de Amelia ¿Qué ya lo aceptaste?- levantándola por el cabello y presionando el cuerpo de la mujer boca abajo sobre la mesa, Meindert empieza a levantar las faldas de Amelia introduciendo completamente la mano Entonces esto debe ser más fácil, ¿no lo crees?- en cuanto sintió los dedos de Meindert, Amelia luchó y gritó para que se detuviera consiguiendo únicamente excitar al hombre a su espalda ¿Qué no dijiste que ya lo habías aceptado?- los gritos de Amelia sonaron por todo el pasillo
nadie se atrevía a desafiar al mago aunque había quienes quisieran ayudar a la pobre princesa.
Entró con Amelia en brazos, dejando caer el cuerpo de la débil princesa sobre la cama, Meindert la miró por un instante y sin hacer comentario alguno abandonó la habitación
¿Qué podía hacer? Sabía que solo con seguirlo no encontraría la solución, -Ya no se que hacer
- empezó a llorar la princesa. La mañana llegó tan tranquila como siempre, Meindert apareció en el comedor, saldría temprano hacía el pueblo vecino, hablaba con uno de sus generales sobre la posible invasión que tenían planeada cuando Amelia entró al lugar, el mago levantó la vista con cierta sorpresa; no quitó su vista de ella hasta que se hubiese sentado a su lado y le sirvieran sus alimentos, ella con los ojos cansados lo miró e inclinando ligeramente la cabeza saludo Buenos días
- molesto, Meindert se levantó saliendo del lugar ante la mirada incrédula de Amelia; fue seguido por su general ¿Gran Meindert
?- se detuvo el mago a los pocos pasos Esa actitud esta comenzando a irritarme
- dijo para sí mismo más fue escuchado por el general a su espalda.
Marchó esa misma mañana Meindert con sus generales, Amelia le miraba desde la ventana de su torre ¿Cómo puedo detener a ese hombre? ¿acaso no siente ni la más ligera compasión?...- suspirando Debo encontrar una forma
la que sea
- al poco se vio sorprendida al cruzar la mirada con Meindert, quien la miraba fijamente desde su caballo, un escalofrío invadió a Amelia pero la mirada del mago parecía un poco distinta a la de otros días; el general en ese instante hablaba con uno de sus subordinados, miró por un instante a Meindert y luego regreso con el soldado Ya sabes que hacer
que esa perra no interfiera con los planes que tenemos- el soldado asintió y el grupo abandonó el castillo. La princesa caminaba por los pasillos solitarios, pensaba en sus opciones para combatir al mago pero nada de lo que pensaba le parecía lo apropiado, después de un buen rato de recorrido, empezó a sentirse observada, miró a su espalda sin encontrar a nadie Creí que había alguien
tal vez
lo imagine- siguió andando en su supuesta soledad, salió del castillo por una de las murallas, miraba con cierto deseo el horizonte cuando el ruido de una tina al chocar contra el piso le hizo volver su vista, allí frente a ella se encontraba aquel soldado que antes había hablado con el general, él mostrando un ligero cuchillo Bien, perra
ya nos cansamos de ti- empezó a acercarse a ella.
Amelia corrió por las orillas de la muralla, gritando por ayuda pero como siempre, nadie respondió a sus suplicas, finalmente el soldado le da alcance Te estas volviendo un estorbo innecesario, serviste a tu cometido
ahora desaparece- y dicho eso le clavo el cuchillo en la espalda dejando caer el cuerpo de Amelia al piso, la sangre teñía su vestido, el dolor se volvía tan grande que quedo inconsciente casi de inmediato; creyéndola a punto de morir el soldado envolvió el cuerpo de la princesa en algunas telas viejas y tras salir por una de las puertas traseras del castillo, llevó el cuerpo de la joven al bosque encantado, dejándola caer intempestivamente al piso y tras darle una serie de patadas le dijo burlón Hasta aquí llegaste perra
gracias por el bonito reino- estaban ambos a orillas de un río y después de echar una mirada alrededor la empujó con el pie al agua limitándose a reír ¡Sirve de alimento a los gusanos estúpida perra!- el cuerpo de Amelia flotó en dirección río abajo y una vez que la había perdido de vista, el soldado abandonó el lugar; Amelia pensaba con el dolor en la piel ¿Por qué terminó así? No puede ser
necesito otra oportunidad
no quiero que esto acabe de esta forma
por favor
puedo salvar a mi reino
por favor
déjenme salvar a mi pueblo
- entonces sintió como su cuerpo era arrastrado a la orilla, brillantes peces pequeños la empujaban, al llegar fue gentilmente jalada por ciervos y ardillas, con débil voz al mirarlos pronunció Gracias
gracias
- más antes de que pudiese pronunciar palabras extras, cayó totalmente inconsciente. Las pequeñas criaturas que la asistieron reaccionaron alerta al escuchar pasos entre la maleza del bosque, sin embargo ninguno de ellos huyó, acercándose entonces un joven individuo de castaños cabellos ligeramente largos recogidos en una cola de caballo al delgado cuerpo de Amelia.
Continuara